miércoles, 22 de julio de 2009

Convención de Rol (parte II)

Razones personales me han evitado seguir ahondando en el tema como yo quisiera, pero (como todos los proyectos que me interesan) estoy lejos de dejaresto abandonado.

Ya la vez pasada les hablé de qué me gustaría de una Convención de Rol en la Ciudad de México. Bien, pues en esta ocasión les hablaré de qué papel me gustaría tomar en la organización y por qué.

Como ya decía, sería agradable y cómodo disfrutar de una convención de ese tipo sin tener que levantar un dedo (más que para asistir al lugar donde se lleve a cabo). Sin embargo, si sólo me quejo y no hago nada, la cosa seguirá exactamente igual. Y como pareciera que todo mundo piensa igual, pues nos quedamos en las mismas y no hay convenciones.

Pues bien. Mi primer y principal objetivo es QUE SE HAGAN LAS COSAS. Así es. No me interesa demostrar que puedo más que cualquier otro, ni poder jactarme de ser el Rolero Alfa de mi zona, ni que me soben el ego diciéndome lo maravilloso que soy, ni tengo la idealizada meta de "unir a absolutamente todos los roleros de mi ciudad en un mismo grupo, bajo una misma bandera y lograr que todos se tomen fraternalmente de las manos y sean felices y coman perdices".

No. La fama y la fortuna vendrán después. Y, fuera de broma, realmente no me interesa demasiado el "status" o fama que me pueda traer, y mis pretenciones económicas son más bien realistas y prácticas: no creo volverme millonario con esto (y ni siquiera volverlo mi principal fuente de ingresos), pero sí considero importante obtener una cierta remuneración por el tiempo y el esfuerzo invertidos. Vamos, que mi tiempo cuesta. Soy un profesionista ocupado, y esas mismas horas bien las podía pasar diseñando páginas web o lo que sea (y me lo estarían pagando). Hacer las cosas "por amor al arte" es chido y noble, pero no paga las cuentas. Y por más apasionado que sea uno, la vida acaba por comerte (y el ímpetu inicial acaba por perderse en el camino).

Y lo mismo va para los demás colaboradores que hubiera. Que aquellos que se involucren con la organización reciban una tangible recompensa por su tiempo y esfuerzo. Igual, no deben esperar ganar todo el dinero del mundo, pero que sí valga la pena dedicarle muchas horas y energía.

Precisamente con esto pasamos al siguiente punto. Seamos realistas; por más influyente, capaz e inteligente que sea uno, algo así no se puede lograr en solitario. Se necesita de un buen equipo de trabajo.

Ahora, mi tirada no va del lado de volverme ese "líder absoluto con poder tiránico sobre sus subordinados", que lo decide todo, los manda a todos y todo se acaba haciendo como y cuando él quiere. Volvemos a lo mismo. Mi principal objetivo es que se hagan las cosas.

¿Qué propongo entonces? Un esquema de liderazgo feudal. Que una persona (en este caso yo) sirva de "Rey", supervisando, delegando y organizando, y tenga a su mando a un puñado de "Señores Feudales", con avanzado poder de desición y bastante automonía dentro de su campo de acción (o su Departamento, por verlo en términos "empresariales").

La idea es que cada "Feudo" represente esos aspectos que es necesario planear, organizar, ejecutar y supervisar. Desde Relaciones Públicas, pasando por Publicidad, Logística del evento, trato con posibles Promotores, Distribuidores, Proveedores y demás. Cada uno enfocándose en lo suyo, en su especialidad.

El Rey sirve más como punto de contacto y supervisión general, por lo que cada Feudal requiere de cierto grado de iniciativa y capacidad de solucionar problemas. Vamos, que yo como líder no te diré qué hacer. Ese es tu trabajo. En dado caso mi tarea será supervisar que todos los esfuerzos se dirijan a los mismos objetivos y no haya empeños reiterativos. Que lo que haces contribuya al todo, a que se hagan las cosas. Tener esa "vista de pájaro". (Y cabe hacer notar que el poder de ese Rey no es, necesariamente, eterno. Con toda facilidad se puede transferir o interbambiar con otra persona que así lo desee.)

Y llegamos a otro punto importante. Lo que importa son los resultados, no cómo llegas a ellos. No se trata de hacer las cosas "a mí manera". Ni siquiera a la tuya. No se trata de hacerlo "de tal o cuál manera, porque así es mejor". Se trata de que las cosas se hagan. Bien o mal, por el camino fácil o el difícil, usando atajos o sorteando problemas, por nosotros mismos o pidiendo ayuda, usando influencias o por méritos propios. Al final eso no importa. Lo que importa es el resultado final. En este caso que haya una Convención de Rol en la Ciudad de México.

Y ya que llegamos a este punto, otro día les hablaré de cuál es el proceso que me parece más adecuado para comenzar esta larga y dura tarea. Para adelantarles un poco y que lo vayan pensando: Empezar pequeño, pero con la meta a largo plazo de ir aprendiendo y creciendo. Ir a lo seguro, y poco a poco extender el posible alcance y las ambiciones del proyecto.

1 comentario:

René López Villamar dijo...

Tristan, mándame un mail a elmago79@gmail.com para platicar. Ya hay un proyecto en puerta y creo que lo mejor sería no replicar esfuerzos.

Te platico más en privado.